Las fiestas en honor a la Virgen de la Consolación son, año tras año, un alarde de mediocridad e incapacidad política. Lo que se supone que deberían de ser unos días de alegría, esparcimiento y recreo se ha convertido en un espectáculo cutre, chabacano, de mal gusto. Y peligroso, como muestra la foto del coche ...